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El milagro microbiano de Chernóbil

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El milagro microbiano de Chernóbil

Vivimos en un mundo en constante cambio, y si echamos un vistazo más de cerca, veremos que las actividades humanas están jugando un papel protagonista en estos cambios, transformando nuestros ecosistemas naturales a un ritmo sin precedentes.

El uso intenso y la transformación de los hábitats naturales durante las últimas décadas han tenido un impacto severo en la biodiversidad. Hay varios factores, como la destrucción y fragmentación de hábitats, modificación del clima, las especies invasoras y la liberación de contaminantes en el medioambiente. Esos contaminantes pueden parecer invisibles, pero sus efectos son alarmantemente tangibles. Pueden cambiar la distribución y abundancia de las especies, acelerar la desaparición de las más vulnerables, y alterar las funciones biológicas, las redes ecológicas y los servicios que los ecosistemas nos brindan, como el suministro de agua dulce y la regulación del clima.

¿Qué es la radiación ionizante?

Un contaminante raro, aunque potencialmente devastador, es la radiación ionizante. Para explicarlo, la radiación ionizante es un tipo de energía liberada por átomos en forma de ondas electromagnéticas (como rayos X o rayos gamma) o partículas (como partículas alfa, beta o neutrones). Se denomina “ionizante” porque tiene suficiente energía para arrancar electrones de los átomos o moléculas, ionizándolos en el proceso.

Esta capacidad de ionización es lo que hace a la radiación potencialmente peligrosa para los seres vivos. Cuando los átomos en las células del cuerpo humano se ionizan, pueden sufrir daños. En particular, si el ADN dentro de las células es afectado, puede llevar a mutaciones genéticas que pueden ocasionar enfermedades como el cáncer.

Esta radiación está presente en nuestro ambiente de forma natural, por ejemplo, en la radiación cósmica que recibimos del espacio o en la radiación terrestre emitida por ciertas rocas y suelos, por lo general, no causa daño a los organismos vivos. Sin embargo, actividades humanas como una exposición inapropiada a la radiación en la medicina nuclear, la generación de energía nuclear o las pruebas de armamento nuclear, pueden generar niveles de radiación ionizante que exceden lo que normalmente se encontraría en la naturaleza.

Toma aérea en la parte superior de un edificio en la abandonada ciudad de Pripyat en la zona de exclusión de Chernóbil.

¿Recuerdan el accidente nuclear de Chernóbil en 1986?

Fue uno de los eventos más destructivos de la historia moderna, con la liberación de enormes cantidades de radiación en el entorno. En el lugar del desastre se creó una zona de exclusión, un área que abarca 4.700 km2 alrededor del lugar del accidente, en el que su acceso sigue estando restringido hasta el día de hoy.

La radiación afectó seriamente a los organismos de la zona, pero la naturaleza, tenaz, ha demostrado una increíble resistencia. Desde entonces, los científicos han estado estudiando cómo la vida silvestre ha logrado adaptarse a un entorno tan inhóspito. Y aquí viene la sorpresa: un estudio reciente ha encontrado una gran diversidad microbiana en los humedales de Chernóbil, a pesar de estar en una zona de alta radiación.

Pripyat, zona de exclusión de Chernóbil.

¿Qué es un microbio, se preguntarán algunos?

Un microbio, o microorganismo, son organismos extremadamente pequeños. Su tamaño puede ir de los 0,002 micrómetros de ciertos virus (3.750 veces más pequeño que el diámetro de un pelo humano) hasta los 50 micrómetros de ciertas levaduras. Aunque los hongos multicelulares pueden crecer mucho más, formando estructuras que pueden ser vistas sin microscopio.

Los microbios incluyen una variedad de organismos como bacterias, virus, hongos, protozoos, y algunos tipos de algas y arqueas. Aunque son minúsculos, los microbios son vitales para la vida tal como la conocemos, desempeñando roles clave en los ciclos de nutrientes, la salud humana y animal y el clima global.

El término “microbioma” se refiere al conjunto de microbios que viven en un entorno específico. Por ejemplo, el microbioma humano es la comunidad de microbios que vive en y sobre el cuerpo humano. Cada ecosistema, ya sea el océano, el suelo de un bosque, o el intestino humano, tiene su propio microbioma único.

Lago en la ciudad de Pripyat en la zona de exclusión de Chernóbil.

El papel del microbioma en un ecosistema es multifacético y fundamental. Por ejemplo, los microbios del suelo son esenciales para el ciclo de nutrientes, descomponiendo la materia orgánica muerta en componentes más simples que las plantas pueden absorber y utilizar para crecer. Además, algunos microbios pueden fijar nitrógeno del aire, transformándolo en una forma que las plantas pueden usar.

En este caso, emplearon una técnica llamada “16S rRNA high-throughput metabarcoding”, jerga científica aparte, es una técnica que permite tomar una muestra de un ecosistema (del suelo, agua, e incluso del intestino humano), secuenciar el gen 16S rRNA, es un gen que se encuentra en las bacterias y las arqueas, y luego emplear esos datos para crear un perfil de las comunidades microbianas presentes en esa muestra. Es una herramienta increíblemente poderosa para entender la diversidad y la función de los microbiomas en los ecosistemas naturales y en el cuerpo humano.

Resultados del estudio

A pesar de la radiación, estos humedales están llenos de diversidad microbiana. Los resultados mostraron que la radiación no afectó la “diversidad alfa” de los microbiomas, es decir, la cantidad de especies diferentes en un lugar específico. Pero la radiación sí tuvo un impacto en la “diversidad beta”, que se refiere a cómo difiere la composición de especies de un punto a otro. En otras palabras, los microbios que encontraron en los sitios con alta radiación eran diferentes a los que encontraron en las zonas con menos radiación.

Algunos de estos microbios incluso eran más abundantes en las áreas de alta radiación. Estos radiorresistentes, como los llamamos, son microbios que pueden sobrevivir y prosperar a pesar de la radiación. Lo que sugiere que estos microbios podrían desempeñar un papel importante en la recuperación de entornos con alta radiactividad, ayudando a mantener el ciclo del agua y nutrientes, aportando vida a un paraje que, en principio, parecía desolado.

Este descubrimiento es relevante por dos razones. Primero, nos ayuda a entender mejor cómo la vida puede adaptarse a las condiciones más extremas. Y segundo, podría ser útil para el futuro, ayudándonos a prever cómo los ecosistemas afectados por la radiación podrían recuperarse con el tiempo.

Al final, la historia de los microbios de Chernóbil nos enseña una lección fundamental: la vida, a pesar de todas las adversidades, siempre encuentra una manera de seguir adelante. Aunque nuestras acciones puedan causar daño, también tenemos la capacidad de aprender, adaptarnos y, con suerte, encontrar formas de mitigar ese daño. Y mientras continuemos con nuestra curiosidad y nuestro deseo de aprender más sobre este fascinante planeta que llamamos hogar, hay esperanza de que podamos encontrar formas de vivir en armonía con la naturaleza que nos rodea.


Referencias

Videvall, E., Burraco, P., & Orizaola, G. (2023). Impact of ionizing radiation on the environmental microbiomes of Chornobyl wetlands. Environmental Pollution, 330, 121774. https://doi.org/10.1016/j.envpol.2023.121774

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Javier Vázquez
Periodista especializado en ciencia y documentalista. Su formación académica incluye un Máster en Estudios de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación por la Universidad de Oviedo, la Universidad de Salamanca y la Universidad Politécnica de Valencia de España.Entre sus últimos proyectos audiovisuales, destaca su labor como guionista y productor en los documentales "Manglar, el sacrificio de una Tierra" (2018) y "Detrás del paraíso" (2019). Además, como director, sobresale la serie web "Páramos, donde nace la vida" (2022), finalista en el Festival Internacional de Nuevas Narrativas de No Ficción de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina), y el documental "Café de Loja : Ciencia, arte y tradición" (2023).

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